La festa de la Candelària

Ahir vam celebrar la festa de la Candelària, un dia senzill però ple de significat. Transcrivim l'homilia del nostre rector Joan Peñafiel:
En su sencillez, celebramos una fiesta rica de significado para los creyentes. En primer lugar nos recuerda que cualquier vida, desde su concepción hasta la muerte, es un regalo de Dios, es para Dios y está en las manos de Dios.
Eso es lo que sentían las madres como María en el pueblo de Israel; por eso a los 8 días circuncidaban al niño como signo de pertenencia al pueblo de la Alianza y le ponían un nombre que era una profecía sobre la misión de ese niño. Eso es lo que celebramos el 1 de Enero, la circuncisión de Jesús, que seguramente fue en la sinagoga de Belén.
Pero, a los cuarenta días del nacimiento del hijo, ya recuperadas las madres del parto, iban los padres al templo a ofrecer a este niño al Señor, según la Ley del Señor, según el Camino de la Vida que está en poner a Dios en primer lugar, reconociéndolo como la fuente y el Señor de la Vida.
Sólo Él puede dar no sólo la vida, dos años, diez, cuarenta, los que sean, sino que puede dar la Vida Eterna. Por eso lo importante para una madre que quiere a su hijo es que su hijo viva para siempre, que el hijo tenga la vida eterna asegurada y que, por tanto, es importante que en esta tierra sea una buena persona, sea un hombre de provecho, un hombre de bien que merezca vivir para siempre.
Y esto, que toda madre sabe, María también lo sabía y por eso daba gracias a Dios por ese hijo y también lo ofrecía al Señor para que pudiera vivir eternamente. Esta presentación y consagración del niño es a la vez su purificación, porque María sabe que toda vida es un misterio, que no hay vida sin el misterio del sufrimiento, del dolor, que no hay vida sin dar la vida, sin dar la sangre.
Tantas veces un amor demasiado neurótico, posesivo de una madre o de un padre, puede hacer daño a la vida del hijo, aunque sea con buena intención. Cuando se pone en el hijo toda la propia tensión y realización y se olvida que este hijo es para la vida, es para Dios, se puede hacer mucho daño impidiendo que este hijo crezca y se desarrolle. ¿Cómo queda purificada, no sólo la madre, sino cualquier persona? Renunciando a los afectos posesivos y entregando los seres queridos al amor, a la vida, a Dios.
Jesús le recordará esta verdad cuando a los 12 años, en el Templo, entre los doctores, proclama que para Él, como sus mismos padres le habían enseñado, lo primero es obedecer a su Padre, a Dios.
Como signo de esta ofrenda, los creyentes pobres, como José y María, ofrecían un par de tórtolas o pichones; los más ricos, ofrecían un cordero. Pero, en verdad, José y María están ofreciendo el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo, el que nos libra de la esclavitud al diablo y del miedo a la muerte, el que nos trae la reconciliación, la paz, el descanso. Simeón nos revela que el secreto del descanso se encuentra precisamente en poder contemplar al Salvador y tenerlo en sus manos, como lo tendremos nosotros al comulgar
María, entregando a su hijo, consagrándolo a Dios, como lo hará de forma plena al pie de la Cruz, al quedar purificada, puede así hacer de madre de todos nosotros. Por eso no dejará de interceder por nosotros, no dejará de llevarnos al verdadero templo donde está su Hijo, dónde está el Padre, que es precisamente al Cielo del que este humilde templo parroquial es una pobre imagen.

