Final de postconfirmació a Cracòvia
Ser padrinos de postconfirmación nos ha permitido acoger y acompañar, desde la cercanía de nuestra casa y de nuestros hijos, a un pequeño grupo de jóvenes. Viernes tras viernes, durante seis años, hemos compartido con ellos vivencias, diálogos, escucha, oración, cenas, los campamentos y muchas risas. Esperamos que se hayan sentido queridos, cuidados y aceptados en unos años tan difíciles en los que se hacen mayores. Como broche final de todo este tiempo, fuimos de peregrinación a Polonia siguiendo los pasos de San Juan Pablo II y su lema: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!». Ya desde la celebración penitencial pudimos sentir la presencia del Espíritu Santo a modo de chaparrón. Cracovia nos acogió como la joya cultural que representa: el barrio judío, la sinagoga, la plaza del mercado y el Castillo de Wawel. Por otro lado, la memoria histórica de Auschwitz-Birkenau tuvo en mí un gran impacto emocional; el silencio del lugar, el recuerdo de lo ocurrido y el su...









