Final de postconfirmació a Cracòvia

Ser padrinos de postconfirmación nos ha permitido acoger y acompañar, desde la cercanía de nuestra casa y de nuestros hijos, a un pequeño grupo de jóvenes. Viernes tras viernes, durante seis años, hemos compartido con ellos vivencias, diálogos, escucha, oración, cenas, los campamentos y muchas risas. Esperamos que se hayan sentido queridos, cuidados y aceptados en unos años tan difíciles en los que se hacen mayores.

Como broche final de todo este tiempo, fuimos de peregrinación a Polonia siguiendo los pasos de San Juan Pablo II y su lema: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!».
Ya desde la celebración penitencial pudimos sentir la presencia del Espíritu Santo a modo de chaparrón.
Cracovia nos acogió como la joya cultural que representa: el barrio judío, la sinagoga, la plaza del mercado y el Castillo de Wawel. Por otro lado, la memoria histórica de Auschwitz-Birkenau tuvo en mí un gran impacto emocional; el silencio del lugar, el recuerdo de lo ocurrido y el sufrimiento de los inocentes se convirtieron en un misterio. Ver a tantas personas cargando sobre sí el mal de los demás me acercó profundamente a la presencia de Jesús en la Cruz. Posteriormente, visitamos, las minas de sal, el seminario Redemptoris Mater y Czestochowa, donde celebramos una Eucaristía en el santuario de Jasna Góra ante la Virgen Negra.
También descubrimos parte del legado de San Juan Pablo II a través de su santuario y su museo. Ver su habitación, un tastet de sus recuerdos, su familia, sus ropas, sus escritos y su letra nos permitió conectar con su esencia. Además, en el Santuario de la Divina Misericordia descubrimos los testimonios y la figura de Santa Faustina Kowalska, visitando su tumba, sus reliquias y la devoción a Jesús Misericordioso.
De todo este tiempo y esta peregrinación me llevo a casa el regalo de una fe compartida y rejuvenecida a través de los ojos de estos jóvenes. Regreso con la certeza de que, incluso en el misterio del dolor humano, la Misericordia de Dios siempre tiene la última palabra. Me llevo un matrimonio fortalecido, la comunión entre los padrinos y el sacerdote, sostenidos por la Eucaristía, y el recordatorio latente de San Juan Pablo II de que no debemos tener miedo si abrimos de par en par las puertas de nuestro hogar y de nuestra vida a Cristo.

Noemí Cerrajero García


Peregrinación a Cracovia, del 26 al 31 de agosto de 2026

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